viernes, 23 de abril de 2021

Visiones sobre el Origen de la existencia

En la primera edad, existió el caos. Después de que hubiera nada existió el caos. Todo estaba revuelto. Las sombras y la luz, las aguas cubrían la superficie. Sólo el Espíritu de Diosa revoloteaba sobre las aguas. En la segunda edad, Diosa sintió el deseo de gestar y poner orden todo dentro de sí misma. Separo las tinieblas de la luz, a las tinieblas las llamó noche y a la iluminación la llamó día. Y vio Diosa que esto era bueno.

En la tercera edad, Diosa colocó en el firmamento a las estrellas y a las constelaciones, y puso siete astros mayores; coloco muchos más astros y cuerpos celestiales y los dotó de un espíritu inteligente. Después, puso en su lugar al espíritu del Sol y al espíritu de La Luna. Plantó El Jardín, y este quedo flotando en el firmamento donde colocó sus pies. Abajo del firmamento, en el Jardín; plantó todo tipo de árboles frutales y exquisitos huertos, sembró cereales y granos, y cultivo hierbas maravillosas para hacer la Magia. Y a todo tipo de seres, quienes habitan en El Jardín, la Buena Diosa los colocó. Y sintiéndose complacida, sonrió. Llamó a este jardín, Paraíso Terrenal, algunos otros dicen que lo llamó Nisa; y otros más, que el jardín fue llamado los Campos Elíseos. Esta fue la cuarta edad.

Después, Ella separo las aguas de lo seco; a las aguas saladas las llamo mares, a las aguas dulces los llamo ríos y lagos. Colocó, entonces, todo tipo de animales y seres marítimos, grandes y pequeños, de diversas formas y colores; y les dijo: Sean fecundos y multiplíquense, llenen las aguas dulces y las aguas saladas. La Diosa danzó en las aguas dulces, y en las aguas saladas; la Diosa danzó sobre todas las aguas. Esta fue la quinta edad. Una vez que hubo completado su tarea, como Reina de los Mares; volvió a poner los pies en el jardín, y colocó en el a los animales salvajes, grandes y pequeños. Algunos de tamaño inconmensurable de diversa variedad para su propia gloria. Después los bendijo así: Sean fecundos y relaciónense, porque está es la esencia del espíritu y el gozo sobre la tierra. Así concluyó la sexta edad. Pero, hubo el tiempo en que la Diosa quedó preñada de Hombre. Mas, Ella impedía este deseo y enterraba en sí misma el surgimiento de Hombre; diciendo: No llegues a Ser, porque llegar a Ser es también llegar a morir. Por tanto, permanece siendo Uno conmigo para siempre.

Pero Él no la escuchó. Y así fue cómo Hombre, quien era su luz y su resplandor; llegó a la vida. Ella, al verlo, lo deseo en un magnifico apetito anhelando poseerlo nuevamente dentro de Ella; en efecto, lo amo en un éxtasis que la dejó profundamente enamorada de su belleza. No obstante, El no consentiría en volver a Ella; porque Él era el ratón que corre más rápido que el gato y Ella fue llamada La Gata de la Luna, quién gobierna a los ratones del firmamento. Ella, cómo en un eco, le decía:

Vuelve a mí, mi amor,

regresa para que seamos uno

para siempre,

vivirás la dicha, vivirás

el placer…

 

Él le contestó, altaneramente, de esta forma:

Amaste a los pájaros

de múltiples colores,

y permites que se les

quiebren sus alas.

Amaste al león, y a su fuerza,

y dejas que mengüe

y que muera.

Dijiste que amaste al toro,

empero, para él, decretaste

sufrimientos; año tras año.

Al ciervo, también,

le destinaste el horror

con tus perros de cacería.

Al cabrito, que balaba

en tu honor, lo desembraste

en la leche de su madre.

Por eso, no puedo aceptar

tus tentaciones de hechicería,

encontré el amor en los animales

salvajes y en Mí mismo.

Ante la respuesta, Ella lloró desconsoladamente. Hombre, por las mañanas, vivía en el Paraíso Terrenal disfrutando de la belleza de la creación; pero, por las noches, Diosa bajaba para contemplarle dormido. Y Ella le daba tiernos y castos besos en sus labios carmines, besos en sus mejillas y lo contemplaba durmiendo hasta el amanecer. Esto provocó en Él el deseo de compañía. Una mañana, Hombre fue a tomar agua al arroyo y al verse en el reflejó, quedo profundamente impactado por su propia belleza. Vio sus hermosos y gráciles cuernos, contempló su hermoso caballo castaño y rizado; además, visualizó sus mejillas rollizas, sus labios carmines, sus ojos grandes y bellos. Tenía un cuerpo delicado, brazos delgados y un poderoso falo en erección. Él deseo un compañero, deseo con todas sus fuerzas un compañero que se pareciera a Él. Así que dejo atrás los juegos con los demás espíritus, con los animales y con los árboles; para pasar, día tras día, viendo su bello reflejo en el lago. Hombre pasaba tristemente sus dedos, tocando las claras aguas del lago, pensando que, alguna vez; el reflejo tomaría carne y tocaría a otro Hombre. Un día, sin embargo, no aguanto más su pena y decidido en tener ese abrazo tan anhelado; se aventó al agua profunda y desapareció de la faz de la tierra. Diosa buscó desesperadamente a su amado, pero no lo encontró. Y, por fin, supo que ya no estaba y que nadie sabía de Él.Ella, preguntó por Hombre a los espíritus de las direcciones en las cuatro esquinas y confines del universo; pero, nadie supo darle una razón de la desaparición de Hombre. A consecuencia de esto, Diosa dejo de cuidar del Jardín y ya nada daba frutos; la tierra se secaba, las crías recién nacidas morían tan rápido como los ancianos; así fue como el frío se apoderó de la tierra, el invierno eterno amenazaba con destruir toda vida conocida. Esta fue la Séptima Edad.

Los espíritus antiguos, las buenas hadas que servían a Diosa, junto con los duendes, habitantes de la tierra; reunieron a los reptiles del fuego, y a las potestades del aire; en fin, todos los espíritus que estaban inclinados delante del Primer Espíritu; todos se reunieron para hablar con las ninfas de los océanos, con las ninfas de los ríos, con las ninfas de los manantiales y de las fuentes. Todos se reunieron para encontrar una solución. Entonces, la ninfa del lago – la cual, algunos relatos llaman Eco, y otros la llaman Psique, la ninfa de las vibraciones del alma- tomó la palabra entre los presentes, ella les dijo que, en búsqueda del amor; vio que Hombre se había arrojado en brazos de la muerte y que ahora había sido raptado por El Señor De La Oscuridad. Entonces, los espíritus de todas las cosas, aquellos que adoran a Diosa una vez al mes con pastelitos; le contaron a Diosa lo que les había dicho la ninfa del lago. La Buena Diosa tomó valor, valor para ir al Reino de la Muerte, y buscar a su amado. Cogió Diosa su balsa de Medialuna y remo hasta los confines de la existencia, hasta las puertas de Aquel Que Es Temido. Todo esto aconteció en la octava edad.

Llegando al Reino Innombrado, tocó fuertemente la puerta. El oscuro guardián de la puerta le dijo: Señora, he escuchado sus imploraciones para abrir el umbral de los mundos, la puerta a lo desconocido ¿Qué trae a la Diosa de la Vida al Reino del No-retorno?

Ella, con voz potente, le contestó;

 

He venido en busca

de aquello que no pertenece

al Reino de las Sombras,

he venido a que me

devuelvas a la Luz del mundo.

 

El guardián replicó: Nadie, al llegar a este punto, ha regresado al Reino de la acción. Aunque la dejará pasar, mi Señora; nadie ha podido convencer a mi amo permitirle regresar a la otra realidad… Pero, os dejare pasar, si se quita su tiara plateada y me la entrega como tributo.

Ella dijo: Sea como has dicho. Después, Ella se quitó su tiara, en forma de medialuna; y dejo la tiara como ofrenda al guardián de la puerta.

Siguió remando la Diosa hasta la segunda puerta, cruzando por el lúgubre río de humo y de oscuras sombras; donde esta vez, el guardián le pidió que como ofrenda le entregará su Mágico Cetro, el cual; obraba las más grandes maravillas de la Magia. Ella, después de pensar que podría quedar casi indefensa ante el Señor de la Muerte; decidió dejarle su Cetro, cómo tributo, al segundo guardián. El tercer guardián le pidió que se quitará el velo, símbolo de sus Misterios y su Ciencia; y que mostrará su rostro desconocido. Ella así lo hizo y lo ofreció como tributo. El cuarto guardián le pidió sus joyas, sus aretes, sus alhajas, sus pulseras doradas; Ella, en símbolo de humildad, desprovista de su realeza; se quitó sus valiosas pertenencias y las ofreció al guardián. Entonces, al llegar a la quinta puerta; el guardián le pidió que se quitara el vestido y entrará en la más completa honestidad. Diosa, despojándose de todo ocultamiento, ya que a la Muerte nada podemos ocultarle; fue despojada de toda vestidura y la entregó al guardián.

Al llegar a la sexta puerta, el guardián, le advirtió: Señora, sé que nada más le quedaron sus sandalias, sin embargo; debo retirárselas, ya que el terreno que ahora pisará es un terreno Santo.

Ella replicó: Hágase conforme tu voluntad. Y le fueron retiradas las sandalias, entrando completamente desnuda; con el cabello largo y suelto cayendo sobre sus hombros y sobre sus pechos.

Al llegar a la séptima puerta, no encontró a nadie; y el lugar parecía completamente vacío. Ella se bajó de su balsa lunar y puso sus pies en una superficie circular y antigua, hecha de piedra; la cual, estaba flotando en medio del infinito; enmarcado por el río de humo y la oscuridad. Al bajar de la balsa lunar, Diosa, vio descender a rápida velocidad un enorme y fiero dragón color bermejo, gigante y amenazador; el dragón comenzó a escupir fuego en todas las direcciones. Diosa trató de esquivar y evitar que las intensas llamas de fuego pudieran hacerle daño; pero, el dragón la acorraló con sus temibles alas, evitando que Ella pudiera moverse. Ella pasó ambas manos sobre el dragón bermejo. y supo que solo le faltaba amor. Entonces, comenzó a cantar un hechizo, recitar unas viejas palabras, mientras danzaba lentamente al son de su voz. Ella recitó este hechizo, que fue como un zumbido de cientos de abejas y tan luminoso como miles de luciérnagas; Ella cantó así:

 

Por el poder del Amor

volverás a girar en la Rueda,

volverás entre mis dedos,

al destino de la vida.

Sea Yo Quién vuelva

a tejer el hilo de tu historia,

seas tú, quién, a mi hechizo

de amor; caigas rendido.

¡Escúchame, Divino Pastor!

¡Señor del Cereal!

¡Guía de las almas!

Recuerda quién eres,

y seas, por medio de mi

Poder; hechizado por la virtud

de mi Arte bello y justo.

Y, con este conjuro,

he decretado que

ninguna Vida perezca,

si no que vuelva a

ver la bella luz del día.

Sea así por siempre.

Rendido por el hechizo, el dragón bermejo, se fue convirtiendo en El Amado. Y El Amado, amó a Diosa con el mayor de los deseos; y, en secreta unión, decidieron hacerse Uno Solo. Ella lo tomó en sus brazos y lo subió a la barca, después de hacer Amor; pero, era demasiado tarde. El Hombre Amado fue desapareciendo lentamente. En su lugar, se abrió la última puerta. Aparecieron, repentinamente, un cántaro lleno de vino y una enorme fruta de granada; Diosa tomó todo el vino del cántaro y exclamó a grandes voces: No es vino lo que tomó, si no sangre, sangre de la Buena Diosa; se Ella alabada por siempre. Y vació completamente el cántaro, tomando el vino de un solo sorbo. Después tomó la granada y, antes de comerla; exclamó con voz potente: Esto es verdadera carne, carne que se entrega para dar vida; vida después de la muerte. Sin embargo, de la granada solo probó seis gajos. Al cruzar la Misteriosa puerta, la Diosa sabía que iniciaría la novena edad.

Al subir en su plateada barca, y entrar en la última puerta; Diosa regreso a los confines de la existencia. Y vio Diosa que era la Nada. Después de que hubiera nada, existió el caos. Todo estaba revuelto. Las sombras y la luz, las aguas estaban sobre la superficie. Solamente, el Espíritu de Diosa, revoloteaba sobre las aguas. Esta fue la primera edad.


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