En la primera edad, existió el caos.
Después de que hubiera nada existió el caos. Todo estaba revuelto. Las sombras
y la luz, las aguas cubrían la superficie. Sólo el Espíritu de Diosa
revoloteaba sobre las aguas. En la segunda edad, Diosa sintió el deseo de
gestar y poner orden todo dentro de sí misma. Separo las tinieblas de la luz, a
las tinieblas las llamó noche y a la iluminación la llamó día. Y vio Diosa que
esto era bueno.
En la tercera edad, Diosa colocó en
el firmamento a las estrellas y a las constelaciones, y puso siete astros
mayores; coloco muchos más astros y cuerpos celestiales y los dotó de un
espíritu inteligente. Después, puso en su lugar al espíritu del Sol y al
espíritu de La Luna. Plantó El Jardín, y este quedo flotando en el firmamento
donde colocó sus pies. Abajo del firmamento, en el Jardín; plantó todo tipo de
árboles frutales y exquisitos huertos, sembró cereales y granos, y cultivo
hierbas maravillosas para hacer la Magia. Y a todo tipo de seres, quienes
habitan en El Jardín, la Buena Diosa los colocó. Y sintiéndose complacida,
sonrió. Llamó a este jardín, Paraíso Terrenal, algunos otros dicen que lo llamó
Nisa; y otros más, que el jardín fue llamado los Campos Elíseos. Esta fue la
cuarta edad.
Después, Ella separo las aguas de lo
seco; a las aguas saladas las llamo mares, a las aguas dulces los llamo ríos y
lagos. Colocó, entonces, todo tipo de animales y seres marítimos, grandes y
pequeños, de diversas formas y colores; y les dijo: Sean fecundos y
multiplíquense, llenen las aguas dulces y las aguas saladas. La Diosa danzó
en las aguas dulces, y en las aguas saladas; la Diosa danzó sobre todas las
aguas. Esta fue la quinta edad. Una vez que hubo completado su tarea, como
Reina de los Mares; volvió a poner los pies en el jardín, y colocó en el a los
animales salvajes, grandes y pequeños. Algunos de tamaño inconmensurable de
diversa variedad para su propia gloria. Después los bendijo así: Sean
fecundos y relaciónense, porque está es la esencia del espíritu y el gozo sobre
la tierra. Así concluyó la sexta edad. Pero, hubo el tiempo en que la Diosa
quedó preñada de Hombre. Mas, Ella impedía este deseo y enterraba en sí misma el
surgimiento de Hombre; diciendo: No llegues a Ser, porque llegar a Ser es
también llegar a morir. Por tanto, permanece siendo Uno conmigo para siempre.
Pero Él no la escuchó. Y así fue
cómo Hombre, quien era su luz y su resplandor; llegó a la vida. Ella, al verlo,
lo deseo en un magnifico apetito anhelando poseerlo nuevamente dentro de Ella;
en efecto, lo amo en un éxtasis que la dejó profundamente enamorada de su
belleza. No obstante, El no consentiría en volver a Ella; porque Él era el
ratón que corre más rápido que el gato y Ella fue llamada La Gata de la Luna, quién
gobierna a los ratones del firmamento. Ella, cómo en un eco, le decía:
Vuelve
a mí, mi amor,
regresa
para que seamos uno
para
siempre,
vivirás
la dicha, vivirás
el
placer…
Él le contestó, altaneramente, de
esta forma:
Amaste
a los pájaros
de
múltiples colores,
y
permites que se les
quiebren
sus alas.
Amaste
al león, y a su fuerza,
y
dejas que mengüe
y
que muera.
Dijiste
que amaste al toro,
empero,
para él, decretaste
sufrimientos;
año tras año.
Al
ciervo, también,
le
destinaste el horror
con
tus perros de cacería.
Al
cabrito, que balaba
en
tu honor, lo desembraste
en
la leche de su madre.
Por
eso, no puedo aceptar
tus
tentaciones de hechicería,
encontré
el amor en los animales
salvajes
y en Mí mismo.
Ante la respuesta, Ella lloró
desconsoladamente. Hombre, por las mañanas, vivía en el Paraíso Terrenal
disfrutando de la belleza de la creación; pero, por las noches, Diosa bajaba
para contemplarle dormido. Y Ella le daba tiernos y castos besos en sus labios
carmines, besos en sus mejillas y lo contemplaba durmiendo hasta el amanecer.
Esto provocó en Él el deseo de compañía. Una mañana, Hombre fue a tomar agua al
arroyo y al verse en el reflejó, quedo profundamente impactado por su propia
belleza. Vio sus hermosos y gráciles cuernos, contempló su hermoso caballo
castaño y rizado; además, visualizó sus mejillas rollizas, sus labios carmines,
sus ojos grandes y bellos. Tenía un cuerpo delicado, brazos delgados y un
poderoso falo en erección. Él deseo un compañero, deseo con todas sus fuerzas
un compañero que se pareciera a Él. Así que dejo atrás los juegos con los demás
espíritus, con los animales y con los árboles; para pasar, día tras día, viendo
su bello reflejo en el lago. Hombre pasaba tristemente sus dedos, tocando las claras
aguas del lago, pensando que, alguna vez; el reflejo tomaría carne y tocaría a
otro Hombre. Un día, sin embargo, no aguanto más su pena y decidido en tener
ese abrazo tan anhelado; se aventó al agua profunda y desapareció de la faz de
la tierra. Diosa buscó desesperadamente a su amado, pero no lo encontró. Y, por
fin, supo que ya no estaba y que nadie sabía de Él.Ella, preguntó por Hombre a
los espíritus de las direcciones en las cuatro esquinas y confines del
universo; pero, nadie supo darle una razón de la desaparición de Hombre. A
consecuencia de esto, Diosa dejo de cuidar del Jardín y ya nada daba frutos; la
tierra se secaba, las crías recién nacidas morían tan rápido como los ancianos;
así fue como el frío se apoderó de la tierra, el invierno eterno amenazaba con
destruir toda vida conocida. Esta fue la Séptima Edad.
Los espíritus antiguos, las buenas
hadas que servían a Diosa, junto con los duendes, habitantes de la tierra;
reunieron a los reptiles del fuego, y a las potestades del aire; en fin, todos
los espíritus que estaban inclinados delante del Primer Espíritu; todos se
reunieron para hablar con las ninfas de los océanos, con las ninfas de los
ríos, con las ninfas de los manantiales y de las fuentes. Todos se reunieron
para encontrar una solución. Entonces, la ninfa del lago – la cual, algunos
relatos llaman Eco, y otros la llaman Psique, la ninfa de las vibraciones del
alma- tomó la palabra entre los presentes, ella les dijo que, en búsqueda del
amor; vio que Hombre se había arrojado en brazos de la muerte y que ahora había
sido raptado por El Señor De La Oscuridad. Entonces, los espíritus de todas las
cosas, aquellos que adoran a Diosa una vez al mes con pastelitos; le contaron a
Diosa lo que les había dicho la ninfa del lago. La Buena Diosa tomó valor,
valor para ir al Reino de la Muerte, y buscar a su amado. Cogió Diosa su balsa
de Medialuna y remo hasta los confines de la existencia, hasta las puertas de
Aquel Que Es Temido. Todo esto aconteció en la octava edad.
Llegando al Reino Innombrado, tocó
fuertemente la puerta. El oscuro guardián de la puerta le dijo: Señora, he
escuchado sus imploraciones para abrir el umbral de los mundos, la puerta a lo
desconocido ¿Qué trae a la Diosa de la Vida al Reino del No-retorno?
Ella,
con voz potente, le contestó;
He
venido en busca
de
aquello que no pertenece
al
Reino de las Sombras,
he
venido a que me
devuelvas
a la Luz del mundo.
El guardián replicó: Nadie, al
llegar a este punto, ha regresado al Reino de la acción. Aunque la dejará
pasar, mi Señora; nadie ha podido convencer a mi amo permitirle regresar a la
otra realidad… Pero, os dejare pasar, si se quita su tiara plateada y me la
entrega como tributo.
Ella dijo: Sea como has dicho.
Después, Ella se quitó su tiara, en forma de medialuna; y dejo la tiara como
ofrenda al guardián de la puerta.
Siguió remando la Diosa hasta la
segunda puerta, cruzando por el lúgubre río de humo y de oscuras sombras; donde
esta vez, el guardián le pidió que como ofrenda le entregará su Mágico Cetro,
el cual; obraba las más grandes maravillas de la Magia. Ella, después de pensar
que podría quedar casi indefensa ante el Señor de la Muerte; decidió dejarle su
Cetro, cómo tributo, al segundo guardián. El tercer guardián le pidió que se
quitará el velo, símbolo de sus Misterios y su Ciencia; y que mostrará su
rostro desconocido. Ella así lo hizo y lo ofreció como tributo. El cuarto
guardián le pidió sus joyas, sus aretes, sus alhajas, sus pulseras doradas;
Ella, en símbolo de humildad, desprovista de su realeza; se quitó sus valiosas
pertenencias y las ofreció al guardián. Entonces, al llegar a la quinta puerta;
el guardián le pidió que se quitara el vestido y entrará en la más completa
honestidad. Diosa, despojándose de todo ocultamiento, ya que a la Muerte nada
podemos ocultarle; fue despojada de toda vestidura y la entregó al guardián.
Al llegar a la sexta puerta, el
guardián, le advirtió: Señora, sé que nada más le quedaron sus sandalias, sin
embargo; debo retirárselas, ya que el terreno que ahora pisará es un terreno
Santo.
Ella replicó: Hágase conforme tu
voluntad. Y le fueron retiradas las sandalias, entrando completamente
desnuda; con el cabello largo y suelto cayendo sobre sus hombros y sobre sus
pechos.
Al llegar a la séptima puerta, no
encontró a nadie; y el lugar parecía completamente vacío. Ella se bajó de su
balsa lunar y puso sus pies en una superficie circular y antigua, hecha de
piedra; la cual, estaba flotando en medio del infinito; enmarcado por el río de
humo y la oscuridad. Al bajar de la balsa lunar, Diosa, vio descender a rápida
velocidad un enorme y fiero dragón color bermejo, gigante y amenazador; el
dragón comenzó a escupir fuego en todas las direcciones. Diosa trató de
esquivar y evitar que las intensas llamas de fuego pudieran hacerle daño; pero,
el dragón la acorraló con sus temibles alas, evitando que Ella pudiera moverse.
Ella pasó ambas manos sobre el dragón bermejo. y supo que solo le faltaba amor.
Entonces, comenzó a cantar un hechizo, recitar unas viejas palabras, mientras
danzaba lentamente al son de su voz. Ella recitó este hechizo, que fue como un
zumbido de cientos de abejas y tan luminoso como miles de luciérnagas; Ella
cantó así:
Por
el poder del Amor
volverás
a girar en la Rueda,
volverás
entre mis dedos,
al
destino de la vida.
Sea
Yo Quién vuelva
a
tejer el hilo de tu historia,
seas
tú, quién, a mi hechizo
de
amor; caigas rendido.
¡Escúchame,
Divino Pastor!
¡Señor
del Cereal!
¡Guía
de las almas!
Recuerda
quién eres,
y
seas, por medio de mi
Poder;
hechizado por la virtud
de
mi Arte bello y justo.
Y,
con este conjuro,
he
decretado que
ninguna
Vida perezca,
si
no que vuelva a
ver
la bella luz del día.
Sea
así por siempre.
Rendido por el hechizo, el dragón
bermejo, se fue convirtiendo en El Amado. Y El Amado, amó a Diosa con el mayor
de los deseos; y, en secreta unión, decidieron hacerse Uno Solo. Ella lo tomó
en sus brazos y lo subió a la barca, después de hacer Amor; pero, era demasiado
tarde. El Hombre Amado fue desapareciendo lentamente. En su lugar, se abrió la
última puerta. Aparecieron, repentinamente, un cántaro lleno de vino y una
enorme fruta de granada; Diosa tomó todo el vino del cántaro y exclamó a
grandes voces: No es vino lo que tomó, si no sangre, sangre de la Buena Diosa;
se Ella alabada por siempre. Y vació completamente el cántaro, tomando el vino
de un solo sorbo. Después tomó la granada y, antes de comerla; exclamó con voz
potente: Esto es verdadera carne, carne que se entrega para dar vida; vida
después de la muerte. Sin embargo, de la granada solo probó seis gajos. Al
cruzar la Misteriosa puerta, la Diosa sabía que iniciaría la novena edad.
Al subir en su plateada barca, y
entrar en la última puerta; Diosa regreso a los confines de la existencia. Y
vio Diosa que era la Nada. Después de que hubiera nada, existió el caos. Todo
estaba revuelto. Las sombras y la luz, las aguas estaban sobre la superficie. Solamente,
el Espíritu de Diosa, revoloteaba sobre las aguas. Esta fue la primera edad.